En el caminar vuelve a mi
el mustio recuerdo, de sus besos.
Mis pasos desplazan la hojas caídas
bailando sin cesar.
Las aves regresan,
pretenden danzando abrir
sendas recorridas al corazón
cerrado a cal y canto
sin llave, sin cerradura.
Como las garras del oso
te llevas mis vestimentas
desnudando mi torso
esperando respuestas
el silencio me trae
el sonido de tu nombre.
El recuerdo anhelante,
solloza amargamente la tormenta vivida
y me llama, una y otra vez.
Agazapada recorres mis venas, me elevas
mi sonrisa es perpetua si estás en mi
y danzo como la peonza que soy, en tus manos.
Hasta que la mañana llegue, soy tuyo
y hasta después, si puedo, seguir danzando.
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